EL PODER DEL RATÓN. Disney y el doblaje

La compañía de medios de comunicación y entretenimiento más grande del mundo. Esto es lo que actualmente enuncian los números de lo que es The Walt Disney Company.

Sagaz en su tarea, consigue ubicarse en la mente del público con la imagen de Blancanieves, cuando en realidad, en los negocios, se asemeja más a la bruja. Como toda empresa que quiere ser líder en su sector, lleva a cabo una serie de maniobras estratégicamente seleccionadas para cada escenario y ni un detalle quiere escaparse de su control. Y claro que sí, el doblaje de sus productos es otra de sus involucraciones. Vamos a ver la relación de la empresa con este arte, curiosidades al respecto y comprobar si es tan omnisciente como presume ser.

¡Que empiece la magia!

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A grandes problemas, grandes absorciones. Esto debió ser lo que pensó Disney cuando, en 1996, se hizo con los derechos de distribución de parte de la filmografía de Studio Ghibli. Digamos que este estudio de animación vendría a ser su homónimo japonés y es toda una bomba de talento.

La popularidad de la compañía americana entre el público nipón era escasa, luego el plan consistía en seguir ofreciéndole el mismo producto de siempre (películas de anime) pero ahora con un distinto sello personal (bajo el logo de Disney). Asimismo, reimpulsar estas obras en el resto del mundo, lucrarse con ellas y renovarse en el género de animación. Los objetivos se lograron en ambos sentidos.

El estreno del primer anime de Ghibli en Estados Unidos, Nausicaä del Valle del Viento, fue víctima de los bolígrafos de los censores (ya hablamos en el artículo anterior de los efectos de la censura en doblaje) antes de ver la luz. Cuando esta película pasó a dominio Disney se decidió incluir las escenas eliminadas y además darle un nuevo doblaje para que el cambio de voces entre los tramos antiguos y los añadidos no existiera. En esta nueva versión se contó con artistas famosos en el reparto (lástima que los americanos nos hayan pegado —impuesto a saco— la costumbre) porque es una solución muy económica de publicidad. La mayoría de ellos tiene por contrato la obligación de hablar de las películas que dobla en cualquier entrevista de televisión, prensa o radio; pues pensad que el fuerte del público no es reconocer voces, se le tiene que decir expresamente quién participa en un doblaje para convertirlo en aliciente de consumo.

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Hayao Miyazaki, presidente de Studio Ghibli, recibiendo el premio Óscar a mejor película de animación por “El viaje de Chihiro” (2001). A su lado, su amigo John Lasseter, uno de los fundadores de Pixar.

En este caso se confió la dirección del doblaje a Pete Docter, figura importante en Pixar y director de largometrajes como Monstruos S.A. o Del revés. Ya sabéis la relación de Disney con Pixar y qué cercanas están ambas a Ghibli. Celebridades como Uma Thurman, Patrick Stewart o Mark Hamill pasaron por el estudio de grabación, sin embargo, no quiero que nos fijemos en ellos. Me interesa que nos demos cuenta de que es cierto que Disney sigue una estrategia completa. En este doblaje se crea un marco de retroalimentación, formado por otra serie de actores con quienes ya trabajó y que también son muy conocidos por el público por lo que han supuesto en la compañía. Con lo cual, la promoción es continua.

Ejemplo de ello es el veterano y hombre de radio Tony Jay, voz de Shere Khan en El libro de la selva, el juez Frollo de El jorobado de Notre Dame o el legendario espejo mágico de Blancanieves y los siete enanitos. Como no, se recurre igualmente a personajes como Jodi Benson, que en su momento fue Ariel en La sirenita, o sea, la protagonista de la producción que volvió a llenar las salas de cine después de mucho tiempo con un producto Disney. ¡No había ser que no reconociera esa voz! Y cierra el círculo un joven Shia LaBeouf, que ese mismo año (2005) estrenaba para el estudio Juego de honor y venía muy bien que el chaval no se fuera muy lejos de casa. Como veis, no hay escapes; se barre para dentro.

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Disney utiliza los mismos rostros en varios proyectos como oportunidad de no dejar de promocionarse. Un ejemplo es el del actor Ty Burrell, protagonista de “Modern family” (ABC), que aparece en la película “El tour de los Muppets” (Disney).

Cuidar la salud del producto es algo que Disney tiene especialmente claro. Y cuidar significa también prevenir, porque ya ha habido contagios, de diversas índoles, que han hecho subir la fiebre a sus directivos. El doblaje por supuestísimo que también ha ocasionado enfados, sobre todo a raíz de la aparición del vídeo en nuestros hogares: los bolsillos de la gran distribuidora revientan gracias a esta nueva fuente de ingresos. Y de la nada, una persona hasta la llegada de una amenaza inesperada.

Peggy Lee, actriz de La dama y el vagabundo, interpuso una demanda por la explotación de su trabajo en plataformas no permitidas según contrato, el cual especificaba que Disney “no tenía derecho a reproducir copias con la grabación de sus canciones ni transcripciones de las mismas con objeto de venta al público”. Esta cláusula no era por capricho, era porque ella estaba contratada en exclusiva por un estudio de grabación y fue cedida a Disney para un cometido puntual y exacto. Sus servicios acordaban la licencia de esta película para distribución en 35 mm. La historia es mucho más jugosa pero debo abreviar diciendo que la Justicia falló en favor de Lee, viendo razonable una compensación de 2,3 millones de dólares. Como era de esperar, otros actores de doblaje se sumaron al carro y la apoyaron y fueron a juicio como ella, lo que pasa es que el daño económico resultó menos notable.

“No voy a ser una santa diciendo que no quiero el dinero; lo quiero, pero creo que es una vergüenza que los artistas no puedan sacar provecho económico del éxito de su trabajo. Ésa es la única manera en que podemos hacer nuestra vida ” . —Peggy Lee—

Desde aquel momento de 1987, Disney se blinda ante cualquier posible pleito haciendo firmar a sus actores, letristas, compositores, etc, un contrato de cesión total que reza algo parecido a: “El artista cede en exclusiva e irrevocablemente todos los derechos de explotación de su trabajo en cualquiera de los soportes audiovisuales presentes y futuros, por el máximo tiempo permitido por la legislación, para todos los idiomas y todo el universo a The Walt Disney Company”. ¡Toma ya! Parece el undécimo mandamiento. Desde luego no deja margen a reinterpretaciones ni a vacíos legales. ¿Será suficiente para que no vuelva a cundir el pánico en el bufete de Disney?

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Peggy Lee en una sesión de doblaje de “La dama y el vagabundo” (1955) dando voz a Peg. En un principio el personaje se iba a llamar Mame pero no importó cambiarle el nombre como un guiño a su intérprete.

Pero lo que es sorprendente de verdad es el extremo alcanzado para burlar la piratería de los productos que no han sido estrenados, los llamados blockbusters. Cuando llega a sala a doblarse (y veremos ahora que incluso antes) una de estas películas que se prevé va a ser un pelotazo, se ponen todos los medios para que ni una pequeña, ínfima, millonésima parte del contenido y argumento salga a relucir antes de la fecha exacta. Todo el mundo involucrado en la postproducción no puede difundir absolutamente nada de lo que ve, escucha y toca en su trabajo. De esto hablaba Camilo García con respecto del estreno de Star Wars: Episodio VII y el proceso de su doblaje: “El guion del tráiler lo mandan desde Hollywood codificado a nombre del traductor y sólo puede verlo él. Una vez lo haya traducido y enviado, tiene que borrar el archivo, ¡fijaos cómo está la cosa!”. ¡Y esto es únicamente para un tráiler de dos minutos!

Camilo sigue y comenta con humor su participación en la saga manteniendo el papel de Harrison Ford como Han Solo: “Cuando se doble la película, si es que se dobla, que yo no he dicho nada, será sobre una pantalla oscura donde sólo se verá una boca por un lado y otra boca por otro”. Y es que, obstáculos visuales como éste de la pantalla a negro con un mínimo de referencias visuales o marcas de agua en mitad de la imagen son los habituales para entorpecer una posible grabación y sí, sin duda también dificulta la labor de los actores. Es lo malo de tener la tecnología al alcance de todos.

Esto, y por supuesto, mucho más, es Disney y la minuciosidad con la que preserva sus productos, la prudencia de sus pasos. Los errores que la han llevado cada día más a creer en su hermetismo. Los motivos por los que hoy va un paso por delante del resto. Su modo de abarcar problemas, su filosofía. Y cómo convive con el doblaje.

—Diego García Castillo, 23 de noviembre de 2015—

2 comentarios en “EL PODER DEL RATÓN. Disney y el doblaje

  1. Hola !!
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